jueves, 24 de julio de 2014






























Por debajo de la vida 
Pasteles y lapices de acuareables. Pintura acrílica para los contornos.

Mm

miércoles, 23 de julio de 2014

Cangrejo en la playa de Palenque
Desde los 12 hasta los 15 años de edad estuve visitando junto al resto de la familia la casa que mis tíos tenían en un rincón de Baní. Nos quedábamos algunos fines de semana y allí la vida parecía darse más tranquila que lo acostumbrado de vuelta en la ciudad. Las noches eran recelosamente oscuras, lo único que se podía ver a lo lejos eran las luces de los automóviles que pasaban por la carretera próxima al pasaje que daba a la casa. Mientras fui creciendo sentía cada vez con más intensidad que la noche me jalaba hacia su fondo, y yo me volvía el sonido de los grillos del prado. Aquello no se daba por muchos minutos pues siempre me atemorizaba, la maleza y su tupida población de yerbas  a altas horas de la noche ya no me parecían lo mismo, las veía tomar otras formas, de entes más lúgubres y siniestros.

Se podía llegar a pie hasta la playa y el río. Caminábamos juntos por las solitarias veredas que nos llevaban hasta el torrente, cuya dulce agua se erguía frente a la del mar. Aquella playa no dejaba que nos bañáramos bien en ella, pues sus olas tenían una fuerza increíble. Era el río, entonces, que nos consolaba, y nos permitía sumergirnos en sus frías y calmadas aguas.

Entretanto nos fuimos quedando cada vez con menos frecuencia en la serena casa, así mismo fueron desapareciendo todos los artículos dentro de ella. Al final, los ladrones solo dejaron las paredes sin ventanas, el piso vacío y una soledad que terminó por consumirse entre aquella ruina, cuyos muros alguna vez me hicieron avanzar un poco más hacia las estrellas.

Mm

viernes, 18 de julio de 2014

Caribbean cities

Aquí nos levantamos temprano,
solo para enfrentar esta ignorancia
que nos va comiendo vivos.

Ahí afuera está el machista,
al que hay que pedirle permiso para lo que sea,
o si no ruedan cabezas,
se atiborran los periódicos
con otra historia de violencia más,
se embarran de sangre
todas las calles de todos los barrios,
los pisos de todas las casas,
los rústicos suelos de todos los callejones,
y aun así siguen las mentes carcomiéndose
con un virus misógino
que se ha vuelto indetenible, irreversible,
invisible ante los ojos de las mismas victimas,
hasta que es demasiado tarde
¿Cuántas más van a morir? 

Ahí afuera están las rutas por donde pasa el chofer,
siempre aburrido, siempre deliberando
sobre el tiempo y la paciencia ajena,
cometiendo impensables imprudencias,
indispuesto a perdonarle cinco pesos
a algún desventurado pasajero en situación difícil. 

Ahí afuera están las autoridades,
irrespetando al ciudadano casi igual que el cobarde criminal,
cada día infectándonos más, debilitando la tranquilidad
como una larva destruye un cuerpo
nadie se salva de los robos, asaltos,
del odio hacia lo propio que se fermenta en los pulmones de la isla.

Esta es la selva quisqueyana,
turistas, no se hagan esperar,
que aquí curamos todos los males,
producimos improperios, soñamos con sitios lejanos,
aquí decimos que nos rendimos, que no hay pa' nadie,
pero vivos si estamos,
aunque nos devoren las ratas.


Mm

jueves, 17 de julio de 2014


Yo no miro hacia la tarde,
yo recuerdo un transcurso,
dilato el pasar de los días
y llora mi rostro por no poder volver.

Yo no siembro orgullo en la arena,
algo dentro se detiene a mirarse
algo afuera me está buscando
yo recorro la vereda con mis pies descalzos. 

Yo no le miento a la vida,
yo permito que sucedan las furias,
ellas traen las indiscreciones de la noche,
la llovizna quiere bañarlas.  

Mm

martes, 1 de julio de 2014

La ira siempre ha sido una parte entrañable de mi persona, como una amiga en la que una no confía mucho, porque se sabe que en cualquier momento le sacará a una las garras, hecho que siempre es inevitablemente desastroso, y aún así ella está permanentemente cerca, aprovechando toda oportunidad para asomarse a saludar. De niña, como también sucede ahora, internalizaba demasiado la mas insignificante nimiedad, y era ahí cuando me atacaba aquella temible cólera, que al marcharse me dejaba como el contenedor de alguna sustancia espesa que se vaciaba, y se quedaba con los restos de aquello adheridos a sus adentros; solo con el agua, que es como un antídoto limpiador, se puede desprender todo el residuo de lo que una vez contaminó aquel cuerpo. 

Es eso lo que hoy buscamos, el agua que nos lleve hacia donde ya no seamos presos de la rabia, la liberadora y aniquiladora de la desesperación y el insomnio.

Mm